Relatos Swingers

Primera experiencia que tuve con parejas swingers

Para eso voy a contextualizar un poco. Galicia, verano 2012, una pareja de este foro y el que suscribe comienzan a mandarse mensajes privados. Ellos buscaban un hombre para ella. Llamemos a la parte Masculina -M-, y a la parte Femenina -F-.

Comienzo los privados con M y me comenta que ella no sabe nada. Que es él quien gestiona la cuenta y los encuentros. Que quieren a un hombre que la conquiste y que tenga relaciones con F, pero que en ningún caso, ella debe saber que lo ha gestionado él. Le pregunto por cuál iba a ser su rol, su proceder, y me comenta que estará ahí, pero que al principio se esconderá para darnos intimidad y que no me preocupara.

Bien pues… Quedamos en una playa de pequeñas dimensiones de la provincia de Pontevedra. Yo les indico mi vestimenta y M me indica que van a llevar una silla de playa de rayas. La verdad que en la playa no había nadie. En esa pequeña playa me encontraba yo solo en mi primera quedada con una pareja, nervioso, casi tembloroso.

Me tumbo a tomar el sol y oigo unas voces, son ellos. Miro hacia atrás y veo primeramente a M con un sombrero para taparse del sol, quien se sonríe y me  hace un gesto con la cabeza a modo de saludo. Yo les doy las buenas tardes. Ellos pasan por detrás de mi toalla, por lo que no puedo ver bien a F. En mi cabeza se instala la imagen fugaz de F con leggins estilo vaquero y camiseta floja.

Se asientan a unos 5 metros de mí, a la misma altura que me encontraba yo. Detalle que facilitaba que pudiese verlos.

Una vez instalados, ella se sienta del lado más próximo a mí… a esos 5 metros y manteniendo una conversación con M, quien mantenía contacto visual conmigo. Tras varias miradas directas de M, interpreto que quizás debía acercarme… y como buen juvenil que era, utilicé un balón que torpemente al lanzarlo hacia arriba y cogerlo se escapaba casualmente hacia donde están ellos, qué torpeza la mía!

En ese momento sí puedo ver bien a F, les pido disculpas y regreso a mi sitio, prosigo con la fiesta de las torpezas fingidas… que si hacia la orilla, que si por encima de donde estaban ellos, que si hacia ellos nuevamente, pero siempre despacio y sin darles, el balón solo rodaba lentamente.

Demostrada mi torpeza con el balón decido que quizá sea hora de quitarme el bañador que llevaba. M se da cuenta y tras varias miradas, se levanta y se dirige a la orilla recorriéndola, Cuando estaba a mi altura me hace un gesto de acercamiento y nuevamente resbalo el balón hasta donde está F, sola y vigilante de su marido y con furtivas miradas hacia donde estaba yo. M seguía paseando por la orilla.

Le pido disculpas e intento entablar una breve conversación con ella. Para saber si está receptiva, le digo si le importa que me siente y comenzamos a hablar… que si de dónde sois, que si qué tal por la zona, qué calor hace, qué playa más pequeña, que si vienen mucho por esta playa… respuestas todas ellas que ya conocía previamente.

La conversación estaba siendo fluida, y llega un momento de la conversación en que ella busca a M, se levanta y se dirige hacia donde estaba él. Hablan 1 minuto y cuando ella regresa a la toalla, M me hace un gesto que interpreté era de aprobación.

F se sienta nuevamente y seguimos charlando. Yo me acerco un poco a F y ella en un momento clave, entre risas, se apoya en mi pierna, recorriéndola rápida y suavemente para volver a quitar la mano. Pensé… Algo inocente o algo buscado por mí y por ella?

Después de ese gesto fuimos buscando la complicidad con cada mirada, escogiendo las palabras para ir calentando ese momento. Yo le toco la pierna, ella a mí…y de repente… Sucede… acaricio su mano cuando estaba en mi pierna. Se congela el mundo, no hay vuelta atrás. Es sí o es no.

Nos miramos nuevamente, mantenemos la mirada unos segundos, yo me humedezco los labios y la beso. No dijo que no. Fantástico.

Tras un par de besos, busqué con la vista a M, y aun siendo la playa tan pequeña, no lo vi. Estaba flipando, encantado, acalorado, con ganas de hacer explotar todo ese nerviosismo que tenía hasta el momento. Estábamos F y yo, y ya habíamos traspasado la barrera de lo físico.

Seguimos conversando y ella me pide ayuda para quitarse los leggins y la camiseta. Nos levantamos, ella se apoya en uno de mis antebrazos y cuando parecía que ya se había quitado el pantalón, tiene un pequeño desequilibrio que hace que se acerque más a mí. Yo la agarro y la sujeto, acabando los dos semi-abrazados.

Nueva mirada intensa de unos segundos y ella prosigue en quitarse la pierna que le faltaba por quitarse. Noté que miraba de reojo mi cuerpo (estaba yo en ese momento para hacer cantería con mi cincel). Se juntaba la primera vez de una situación así, nervios, cierta timidez, juego, la posibilidad del rechazo…muchos factores en la misma coctelera… pero iba teniendo color y sabor.

Se quitó después la camiseta y en ese momento aproveché para abrazarla quedando enfrentados, con mi pene próximo a su cintura. Nos besamos durante unos segundos y volvimos a sentarnos en la toalla.

En la toalla, quería que F viese bien mi pene, sentado, con las piernas  en forma de rombo y con una mano de vez en cuando me acariciaba yo mismo el pene, mientras hablábamos.

F miraba cada movimiento y me acerqué hacia ella y nos volvimos a besar. La recosté suavemente sobre la toalla y comencé a besarla, a besarla por en la boca, besos húmedos, leves succiones de su labio. Continué besándola por el cuello,  y tras pasar por su oreja, humedecerla y respirar sobre ella, me fui directo a su nuca. Pequeñas pinceladas con mi lengua en su nuca me hicieron sentir y ver, a través de su biquini, cómo sus pezones se ponían firmes, duros, y cómo su exhaló un suspiro que hizo que llenó de sangre mi pene, casi hasta el punto de querer explotar.

Deshice el camino recorrido, su cuello, su oreja, nuevamente su cuello y su boca, para volver a hacerlo en el lado opuesto. Sus suspiros iban en aumento, mis succiones se volvían más intensas y mi lengua… se humedecía cada vez más para respirar y darle esa sensación de brisa sobre su piel húmeda. Deshice nuevamente el camino y volvimos a besarnos en la boca, con más ganas, más pasión, más intensidad.

Continúo bajando por su canalillo donde me encuentro con la parte de arriba de su biquini. Ella se lo quita y ahí estoy yo, admirando sus grandes y redonditos pechos, me fijo en sus aureolas grandes y marroncitas, y en su pezón también grande, erecto, duro, firme… una preciosidad de pechos, la verdad.

Continúo recorriendo su cuerpo con mi boca y mi lengua, bordeo sus pechos  y voy rodeándolos hasta llegar a su aureola, las lamo a pinceladas – cuál artista pinta su cuadro- y las succiono, mientras mi lengua juega con su pezón. También abro bien la boca para intentar meterme y aplicar un suave mordisco, una fuerte succión de su pecho esculpido.

Noto su agitación, así que comienzo a bajar por su estómago, con suaves besos húmedos hacia su ombligo y sigo bajando. Me detiene la goma de la parte de debajo de su biquini, pero mi lengua pasa por debajo de la dichosa goma intentando si quiera rozar o aproximarse a su vagina. Visto que es tan larga, me separo un poco y comienzo a recorrer primero uno de sus muslos y luego el otro.

En mi recorrido lo beso y lamo por donde paso, en la cara interna de su muslo, hasta llegar a ese lugar mágico, ese lugar donde se juntan piernas y la cadera, ese lugar donde se forma un pliegue que hace de frontera entre la sensualidad y la sexualidad más explícita.

Paso esa frontera y me aproximo, ahora sí, a su vagina. Vagina cubierta por la parte de debajo de su biquini. Mi lengua comienza entonces a lamer esos lados indefensos, se encontraban mojados, con sabor salado, con leve amargor, era un anticipo que F me permitía. Mi lengua que no para quieta, intenta sortear dicha prenda, introduciendo mi lengua por debajo de las gomas que conforman su biquini, casi alcanzando su vagina, y dando pequeños mordiscos por encima de su ropa en su vagina.

Al meter mi lengua por debajo de sus gomas comienzo a intuir, saborear y disfrutar esas pequeñas y mojadas montañitas redondeadas y carnosas que son sus labios vaginales.

F levanta su cintura, le quito la tan dichosa pero necesaria prenda que se interponía entre nuestros sexos y continúo… ahora sí, lamiendo sus labios, desde fuera hacia adentro, sin llegar a ese camino central que origina su flujo, flujo tan viscoso y salado que estaba degustando.

Lamo, succiono y muerdo cada uno de los labios de F, labios depilados, carnosos, de color marrón por fuera, abultados, redondos e hinchaditos. Abro con los dedos de mi mano su vagina y admiro ese camino que lleva al éxtasis, el principio de vida, el inicio de la sexualidad. Es de un color rosita oscuro y se marca perfectamente el camino del edén.

Al abrir su vagina lamo cada uno de esas pequeñas líneas que se forman, esos pliegues maravillosos son lamidos por la punta de mi lengua. Recogiendo el aire por la nariz y dándole una brisa suave y caliente al exhalar despacio en su vagina.

Succiono y muerdo suavemente cada uno de los labios de F nuevamente, cada vez, aplicando un poco más de presión, hasta que llego a su lubricado camino que me transportará a saborear lo más íntimo de F.

Lamo primero suavemente el interior de su vagina, recorriéndolo desde abajo hacia arriba, con la intención de alcanzar su clítoris, pero sin tocarlo. Ejerciendo suave presión con mi lengua en la parte más baja de su clítoris, pero sin aplicársela directamente.

Así recorro y recojo su flujo, viscoso, cada vez con más sabor, más amargo quizá… pero que crea la necesidad de seguir saboreándolo cada vez más y más.

F me coge de la cabeza y me sitúa enfrentado a su clítoris. Mi lengua aplica una pequeña presión alrededor de su clítoris. F me empuja literalmente a su clítoris. Lo rodeo con mis labios y con mi lengua lo recorro, haciendo una leve presión, cada vez más fuerte, hasta que le succiono el clítoris suavemente y ella se estremece. Haciéndomelo notar con un pequeño movimiento casi lateral que hacía que la presión se hiciera más fuerte entre su clítoris y mi boca.

Comienzo entonces a pasar la punta de mi lengua sobre su clítoris buscando ese pequeño hilillo, ese pliegue situado verticalmente en su clítoris que, cubre esa pequeña joya. Una vez que doy con ello, le aplico presión mientras lo recorro. En cuestión de segundos… ahí estaba, una perla rosita, que se hinchaba por momentos, hasta alcanzar el tamaño de un garbanzo pequeñito.

Continúo succionado su clítoris y rodeando su perla con mi lengua mientras mis dedos se introducen en su vagina, en esa cueva húmeda, calentita, centro neurálgico del mayor de los placeres. Y así, hasta que noto que se corre.

F intenta taparse la boca, pero me regala  un sonido residual nasal. Gracias F.

Su vagina comienza a secretar más flujo y doy buena cuenta de ello, lamiéndoselo.

F entonces, me recuesta en la toalla y agarra con las dos manos mi pene, mi glande se encontraba mojado por mi líquido preseminal. F lo saborea y me invita a ver cómo rodea con lengua mi glande y se lo introduce en la boca, mientras una de sus manos recorren el largo de mi pene. Notando cómo su agarre se abre y se cierra con la anchura del tronco y la estrechez del tallo que sostiene mi pene erecto.

Tras unos minutos de una mamada que calificaría de fantástica, con su succión y su acompasado acompañamiento de la mano, separo a F de mi pene y le digo que se tumbe.

F se tumba y abre sus piernas, mi pene recorre el largo de su vagina muchas veces y luego cubro el largo de su vagina con el largo de mi pene, mientras me pongo encima de ella. Comenzamos a besarnos y haciendo movimientos de elevación de mi cintura, estimulando de esta forma nuestros sexos, empapados ya de placer.

F coge mi pene con una mano y lo enfrenta hacia su vagina. Mi pene estaba apunto de explotar, por lo que le meto únicamente la punta, la cabeza del pene, hasta ese pequeño salto que separa la  glande del resto. Así me quedo penetrándola sucintamente durante unos pocos minutos, saliendo y entrando con movimientos circulares, intentando crearle la necesidad de penetrarla entera y que me lo pidiera.

F entonces, me dice que la folle entera, que la meta entera, y sigo jugando un poco más, adentrándome cada vez más en esa cueva, en ese pequeño lugar mágico de explosiones y sentimientos.

Tas unos minutos, mi penetración se volvió más profunda, por lo que me incorporo. Me pongo espalda erguida, pero de rodillas, levanto su cintura y vuelvo a penetrarla hasta lo más profundo que en ese momento daba. Luego me vuelvo a recostar sobre ella, llegando a metérsela más hasta el fondo. Ahí me quedo unos segundos sintiendo como sus paredes vaginales apretaban el tallo de mi pene con pequeños movimientos, cosa que estimuló tanto mi pene que quería descargar dentro de ella.

La saqué y le dije que se pusiera a 4 patas, en ese momento vi que se había acercado una barca pequeña de madera con 2 personas que estaban viendo el espectáculo. No le presté más atención, ya que tenía a F esperando que volviera a entrar y salir de ella. Se la clavé despacio pero profundo y ese mismo movimiento se hizo más repetitivo y cada vez más rápido, acabado ambos casi a la vez, y teniendo que salir para correrme fuera de su ano. Una corrida que era una explosión, me faltaba el aire, me flojeaban las piernas, hasta casi diría que se me nubló el sentido y el equilibrio de la explosión que sentí al descargar sobre ella, tan cerca de su vagina.

Mi semen iba resbalando sobre su piel, hacia su vagina y ella lo recogió con la mano para saborearlo y luego besarme.

Fue una maravilla. Cuando miramos las 2 personas de la barca se estaban yendo, imagino que habrían acabado de masturbarse, y nosotros continuamos hablando como si nada hubiese pasado.

Entra en escena M, quien preguntó que qué tal estaba, indicándole a F, que había ido a dar una vuelta por detrás de donde nos encontrábamos nosotros.

Ellos se miraron con complicidad y él hizo una gesto de aprobación con la cabeza. Se besaron y tras una charla, se fueron, quedándome yo allí, ya con nostalgia de lo que acababa de ocurrir.

Ese fue el primero de los escenarios con la mencionada pareja y mi primera relación sexual con una pareja. El principio de una morbosa y buena complicidad.

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